Reparto
JUAN CEACERO - Berganza
FERNANDO VALDIVIELSO - Cipión
PABLO ALONSO - Capataz, profesor, policía, empresario, ciudadano.
JULIA DE CASTRO - Granjera, rica, guardia, prostituta, matemática.
GEORBIS MARTINEZ - Vieja Cañizares, pijo, yonqui, incauto, economista.
ARLETTE TORRES - Autora, criada, yonqui, ciudadana.
“Palabra de perro” es una texto de Juan Mayorga que nace a partir de la Novela ejemplar “El coloquio de los perros” de Cervantes.
Cipión y Berganza son dos perros que, sorprendidos por su capacidad para hablar como humanos, repasan sus vidas a fin de hallar el origen de su don.
En la obra, Mayorga nos sorprende con la relación que se establece entre unos perros perseguidos y apaleados y el trato que la sociedad occidental propina a ciertos inmigrantes vistos como perros.
El contraste entre la humanización del animal y el hombre deshumanizado y animalizado se acompaña de la conexión entre lo real y lo ficticio, lo cultural y lo social, el teatro y la vida, en un intento de revelar las contradicciones del primer mundo satisfecho y bien pensante.
Trailer de Palabra de Perro
Artículo de Gordon Craig
Puede descubrirse en este texto de Juan Mayorga una doble filiación. Por un lado constituye una profesión de fe cervantina. Inspirado en El coloquio de los perros, sus personajes principales son también los canes Cipión y Berganza, a los que les ha sido concedido inexplicablemente el don del habla del que se aprovechan para perorar sobre las costumbres y vicios de diversas clases sociales. Pero junto a este homenaje al Príncipe de los Ingenios hay una no menos notable impronta de la novela Corazón de Perro del escritor soviético Mijail Bulgakov. Si de Cervantes hereda la concepción de la obra como parábola moral y una cierta indulgencia para con las debilidades de los personajes, el legado de Bulgakov se percibe sobre todo en el humor sardónico y en la intencionalidad satírica; asimismo, el doloroso proceso que conducirá a Berganza al reconocimiento de su verdadera identidad mantiene ciertas concomitancias con las tribulaciones del pobre Shárik cuando intente acomodarse a su nueva identidad canina tras haber pasado por la terrible experiencia de su antropomorfización.
Con ambos autores comparte Mayorga el sentido del idioma, la lucidez en el análisis de la realidad social de su tiempo y la habilidad para incorporar a su obra el resultado de dichos análisis, todo ello fragua en una pieza que, bajo la envoltura de un género y de una expresión verbal un tanto arcaizantes -lo que probablemente confiere más verosimilitud al relato, a la vez que asegura su inscripción en el universo cervantino-, se percibe como radicalmente actual. Y el espectador no puede por menos de identificar a esa cohorte de malandrines que han envenenado la existencia de Berganza tratándole de forma inhumana con la escandalosa nómina de busconas, artistas pedantes, jóvenes disolutos, políticos venales o policías corruptos que copan las portadas de los periódicos y que harían enrojecer de vergüenza a una sociedad menos disipada.
Ardua tarea la de dar forma escénica convincente a una obra de tal naturaleza. Y hay que apresurarse a decir que el resultado es espléndido, con un notable balance de aciertos. Empezando por la labor de dirección y puesta en escena que tras haber sometido a un rigurosísimo escrutinio al texto de Mayorga aciertan a integrar visual y orgánicamente el coloquio de los canes con las escenas interpoladas que representan episodios singulares de la vida de Berganza. En clave paródica y a modo de secuencias de cine mudo estas escenas se avienen con el tono jocoserio de la plática perruna; algunas, incluso, como la que reproduce el episodio de la vieja Cañizares (soberbio Georbis Martínez) son de una factura excelente. Como excelente es el trabajo de los actores, sobre todo el de los protagonistas que tienen una mayor oportunidad de lucimiento. Sustentado sobre un riguroso trabajo corporal y fieles a una caracterización y a una gestualidad (ladridos, gruñidos, alfateo y andares de perro) que no abandonan en ningún momento su actuación rezuma entusiasmo y energía; más sentencioso, sanchopancesco y acomodaticio Cipión (Fernando Valdivielso), más ingenuo, vehemente, e inquieto Berganza (Juan Ceacero), ambos actores modulan estupendamente la evolución psicológica sufrida por los personajes y su ansiedad creciente a medida que se acercan al descubrimiento de la verdad. Y vibrante, en fin, es el final, que explicita la demoledora conclusión de la obra, la dramática paradoja de que los protagonistas tengan que recurrir precisamente a la fuerza bruta, a la violencia, para defender su condición de hombres ante quienes han decidido mantenerlos en el estadio animal.
Haciendo gala de un gran dominio de la dramaturgia, Mayorga nos acerca El coloquio de los perros de Cervantes a nuestros días, llevando a una espléndida y sorpresiva catarsis, la razón por la cual los dos perros, Berganza y Cipión, tienen la capacidad de hablar.
Cuando este texto cayó en mis manos, quedé absolutamente fascinada. A la vez que Berganza, comprendí el significado ultimo de la deshumanización del hombre en un texto con rememorancias del pasado pero completamente actual.
La puesta en escena es bastante compleja, porque aunque no hay muchos elementos, los recuerdos de Berganza se escenifican y pasan a ser parte del presente. Junto con los dos perros protagonistas, desfilan un sin fin de personajes que recrean en tiempo real cada amo Berganza ha tenido.
Palabra de Perro es una obra absolutamente sobrecogedora. Los dos perros a medida que avanza su relato reflexionan y filosofan sobre el mundo, el lenguaje, las injusticias y el ser humano. La obra tiene una estructura férrea y Mayorga va, paso por paso, revitalizando el texto cervantino pero manteniendo prácticamente todo lo que en aquel acontece.
Palabra de perro de Juan Mayorga nunca ha sido representada.
Desde el Teatro de Cámara Cervantes de la Sociedad Cervantina vemos de absoluta necesidad llevarla al escenario tanto por representar de nuevo al primer autor español de todos los tiempos, Cervantes, como por dar a conocer aún más el trabajo de otro genial dramaturgo contemporáneo de nuestro país, Mayorga. Una sabrosa mezcla de autores.La obra tiene una compleja puesta en escena, no tanto por la escenografía en sí misma, sino por los diversos personajes que recrean en escena los momentos vividos por el perro Berganza al mismo tiempo que este los va recordando.
Cada actor, exceptuando los dos protagonistas, interpreta de la orden de seis personajes a los que tiene que llegar casi sin tiempo escénico de transición, ya que el relato de Berganza tiene un ritmo trepidante.
El trabajo actoral será la base indiscutible de la puesta en escena, siguiendo el modelo de vanguardia de creación colectiva en el que muchas compañías de todo el mundo están inmersos, como la de Robert Lepage, Anne Bogart o Animalario.Sonia Sebastian
Juan Ceacero
Fernando Valdivielso
Pablo Alonso
Julia de Castro
Georbis Martinez
Arlette Torres
Autor: Juan Mayorga
Dirección: Sonia Sebastián
Escenografía y vestuario: Rocío Peña
Sonido: David Avila y Sonia Sebastián